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viernes, 16 de enero de 2015

¿Qué quiero?

Os recomiendo leerme hoy con esta canción que me encanta de la película Boyhood. Se llama Hero, y dice "no quiero ser tu héroe, no quiero ser un gran hombre"... y así me siento yo hoy.


Ahora que los papeles están en Bulgaria, empiezan los miedos.  La espera es tan larga que da para marear el tema hasta el vómito. Por algún motivo, mi cabeza me tortura anticipando y, claro, siempre que se anticipa lo que se imagina es que suceden cosas horripilantes. Si fueran buenas la ansiedad no camparía a sus anchas por estos lares.

¿Que a qué tengo miedo? Bueno, pues es inevitable fantasear con la criatura que se espera. Lo hacen las embarazadas, lo hacen los padres y lo hacemos los adoptantes. La diferencia es que cuando lo estás gestando las incógnitas se reducen a si será niño o niña y a quién se parecerá más, aparte del "que venga bien", por supuesto. Sin embargo, no sólo no sé su sexo, sino que no sé si tendrá uno, dos o tres años; si la historia de su abandono será más o menos o mucho más traumática, si le habrán cuidado medianamente bien durante su gestación y hasta que nos lo asignen... Y claro, si dejas que el pavor se apodere de ti lo que te trae a la mente son visiones escabrosas que hacen que te levantes con dolor de boca por haber apretado los dientes por la noche. 

Es difícil resumir lo que siento, pero simplificándolo mucho, me imagino que en lugar de la bebita dulce, preciosa y feliz que deseo a la que llamaré con un nombre que empieza por J, me viene un niño supermayor (aunque no pueda venir con más de cuatro, se supone, por nuestras edades), con bigote, una enfermedad que no se descubrirá hasta más adelante por SAF, por ejemplo, y que no se adaptará a nosotros y se balanceará en una silla incesantemente. 

Por supuesto, ni lo uno ni lo otro es real. Como me dice Mary Light, de todo el espectro de posibilidades que tenemos, yo sólo estoy viendo una reducidísima parte. Está claro que tengo este miedo porque en este tema "cigüeñil" me ha pasado siempre lo peor que podía pasar. Por increíble que parezca siempre hemos estado en la estadística chunga por mínima que fuera pero, aun así, es completamente irracional. 

No me da apuro decir que me gustaría una niña, todo hijo de vecino tiene preferencias. Tampoco que ojalá hubiera sido madre de forma natural, ¿estamos tontos o qué? pues claro que sí.

Que prefiera una niña no significa que no vaya adorar a "Bienve" si es un niño. Es más, sé que lo más probable es que sea un niño pues, a diferencia de países como China, es lo más habitual en Europa. Y que tenga nombre. Y será genial. Anoche, cuando estaba presa del pánico, de repente pensé que mi niño se parecía al de Love actually, y se me pasaron los males instantáneamente, y eso que ese crío es bastante mayor! Con esto quiero decir que soy yo misma la que inundo mi cerebro con imágenes que dan terror pero que no son reales, y que para calmarme basta con que me pregunte "qué quiero". Mientras la respuesta siga siendo "ser madre" todo va bien, porque entonces una sigue prefiriendo cosas, pues claro, soy humana, pero también sabe que venga lo que venga será maravilloso.

Evidentemente, poniéndonos serios, lo único que queremos es, como cualquier otro padre o madre, que venga bien, y que estemos nosotros a su altura.

La culpa de las escenas terroríficas creo que la tiene un documental que vi un sábado que me desperté a las 5 de la mañana. Era sobre orfanatos búlgaros y no era muy bonito, la verdad. No es que no quiera ver la realidad, es que ahí sólo se mostraban cosas chungas. Es como si en vez de ver En el vientre materno, una embarazada viera sólo vídeos sobre la cantidad de cosas trágicas que pueden pasar en un embarazo o un parto. Ayer, por ejemplo, vi el reportaje que pusieron en Documentos TV sobre La generación Mei-Ming, y me gustó muchísimo. (Me tocó la fibra la cría que dice "yo nunca he dicho padres adoptivos, son mis padres; mis padres biológicos sí que tienen etiqueta"...).

Os pedía que escucharais Hero porque muchas veces nos han dicho que somos como héroes o salvadores, pero no, qué va, no quiero ser eso. Sólo quiero ser madre, y como tal tengo mucho miedo que, por lo visto, va en el cargo.

Y cuando uno empieza a zozobrar porque se deja vencer por el pánico, conviene agarrarse al mástil y tomarse un momento para intentar ver con claridad. Este vídeo ayuda a resintonizarnos para ver lo que realmente es importante en la vida:



En realidad, como os decía antes, todo está en el QUÉ QUIERO. En ese cofre tenemos todas las respuestas, pero no lo miramos muchas veces. 

Me he hecho un cuadro con un caminito que he recorrido para saber qué quería hacer en otro ámbito,  y me ha servido mucho. Lo quiero compartir porque resulta que lo que parecen preguntas simples nos cuesta mucho responderlas, y ellas tienen la clave de una vida feliz, por eso os las dejo por si os queréis reservar unos minutos para, quizá, cambiar vuestro rumbo. 

A partir en los artículos de Ana Cecilia Vera
Atreveos a hacer lo que queréis.

Feliz fin de semana